El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 17 – Tiempos Tumultuosos
Cuando Alfonso Queirolo
vio un soldado por primera vez en un
desfile militar, cuando tenía seis años, le dijo a su padre,
quien era granjero: "Yo quiero caminar como él." Su padre
pensó que se refería a la marcha de aquel soldado y, como jugando, le enseñó a su hijo
a marchar descalzo y con rifle de palo. Pero quién se imaginaría que
desde tan temprana edad el pequeño Alfonsín había notado una diferencia más sutil
entre el paseo erguido y elegante del soldado y el de su padre, quien sufría de la espalda y
arrastraba los pies al andar. Lo que Alfonsín vio en ese soldado,
detrás del destello de sus insignias y su mirada estoica, fue algo que
lo seguiría por el resto de su vida. Lo que vio fue respeto.
Algunos años después, Alfonsín era un hombre—
en los ojos del estado al menos—y dejó la granja de su padre en Oaxaca
para unirse al ejército federal. Su plan era defender la patria a toda costa
hasta merecer el respeto que tanto anhelaba; tarea difícil y ambiciosa a los
diecisiete años de edad. Pero
él tendría paciencia, sabía que el honor y el respeto
tomarían tiempo. Lo que no sabía es que
se avecinaban tiempos de gran conmoción y confusión para el país—los conflictos más sucios son l