El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 6 – La Sorpresa
El sol del mediodía brilla con fuerza pero es febrero y el clima está fresco. Hacia ambos lados del auto se extiende el valle como un vasto tapiz tejido en diferentes matices de marrón. El Fiat de Gabriel es como una pequeña pulga, rojo cereza, que salta apurada sobre este tapiz. Así imagino que nos vemos desde la perspectiva de un águila que circula sobre nosotros en el cielo. En el asiento de adelante Itzel intenta, sin éxito, encontrar una estación de radio que funcione.
“No llega la señal,” se quejó Itzel mientras ajustaba las perillas.
“Mira en mi bolsa,” respondió Gabriel. “Pásame la cajita que está en el fondo.”
“¿Ya me pueden decir a dónde vamos?” pregunté.
Sin abandonar su búsqueda ella respondió, “Paciencia Ernesto, ya casi llegamos. ¡No quiero arruinar la sorpresa cuando falta tan poco! ¿Te mueres de ganas por saber no? … ¡Aquí está!” Itzel le mostró la cajita a Gabriel. “