El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 7 – Alguien conocido
¿Qué hace él aquí en Teotihuacán y justamente hoy? ¡Es demasiada coincidencia!
No pude evitar llegar a la conclusión de que ese hombre y yo estábamos conectados de alguna manera. Y no solamente porque él fue la primera persona a quien conocí, aquel día en el autobús cuando dejé mi hogar. Aún más relevante era la profunda desconfianza que él inspiró en mí desde el primer momento que lo vi.
Las sabias palabras de mi abuela resonaban en mi cabeza: “jamás permitas que alguien se aproveche de ti”. Esa advertencia y mi desconfianza instintiva luchaban contra mi imaginación y curiosidad.
Sin embargo, decidí finalmente que era solo una coincidencia. Era lógico además, si la tarjeta del señor Castañeda decía claramente que él trabajaba con antigüedades y tesoros mexicanos. ¡Teotihuacán era ambas cosas!
Él aún no me había visto. Parecía que buscaba a alguien entre los grupos de turistas que paseaban por la calzada de los muertos. ¿Pero a quién buscaba? Mi curiosidad ganó. Decidí acercarme. Y lo justifiqué, pens