El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 16 – Congelado en el Tiempo
La habitación de Alfonso Queirolo
queda al final del pasillo en el tercer piso. En lugar de
trazar el contorno del patio como en los otros pisos, aquí el pasillo
empieza donde termina la escalera de caracol, rodea dos esquinas y luego termina abruptamente en
una puerta blanca. Es la única puerta blanca en todo el mesón;
las demás son de madera oscura, sin pintura. Al acercarse a la puerta se nota que los
azulejos también son diferentes. Mientras que en el resto del edificio
son marrones con detalles celestes, unos metros antes de la puerta blanca
el diseño cambia a un dorado opaco con motivos florales. Esta habitación es obviamente diferente a las demás.
Parece que la hubieran extirpado de una casa vecina y trasplantado sobre la nuestra.
Se podría decir que esta habitación, por su ubicación peculiar y extraños detalles,
oculta algo especial. Pero la verdad es que no es ningún secreto que
este cuarto es una máquina del tiempo. Entrar en él es
retroceder treinta años para ver cómo era la Mansión del Poeta antes.
Suena extraño, lo sé, pero es la única forma de describirlo.
La explicación es mucho menos espectacular, claro,
pero no le falta encanto: Resulta que cuando Mirta
heredó la