El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 14 – Un lienzo casi en blanco
Al menos así pienso yo. Quizás es sólo mi imaginación y la influencia de mis escritores favoritos, porque en sus novelas esta es la época de renovación, tanto para la naturaleza como para el espíritu. Nuevos descubrimientos, nuevos retos, nuevos romances... Pero no, no soy el único. Sé que la gente a mi alrededor presiente algo parecido—al menos algunos de ellos—lo puedo ver en sus rostros, en su forma de caminar. Es inevitable, creo, porque la ciudad revienta de energía y todos los sentidos de sus habitantes se saturan de olores y colores intoxicantes. Hay alegría en el aire.
Pero en esta deslumbrante mañana hay una distracción superior a las demás. No son las hortensias en el patio del mesón que florecieron bajo el cuidado de Artemisa, con sus flores que parecen explosiones