El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 29 – Identidad Equivocada
Parado ahí, bajo un umbral, en un
hogar de retiro en Zacatecas, vi mi vida cambiar. En solo cinco segundos
vi mi vida cambiar por completo. Cuando oí que su
enfermera lo llamó Fortunato, de inmediato la fantasía
se desarrolló entera en mi mente; tan vívida, tan fugaz. Aquel hombre
que vinimos a buscar volteó y en su rostro,
en lugar de ver a un desconocido, vi a mi abuelo: un tenaz explorador
que sonreía con los ojos. Era el mismo joven de la foto pero
abatido por el tiempo, cada arruga testimonio de
una vida provechosa. Y cuando él me vio, un instante de
incertidumbre y luego una inundación de
alegría, ¡de reconocimiento!
Sabíamos quién era el otro sin habernos conocido.
Tenía tantas preguntas para él, tantas que no podía decidir
con cuál empezar. ¿Dónde estuviste?
¿Por qué no nos buscaste? Tanto tiempo había pasado,
¡toda una vida! Pero tu familia
siguió adelante sin ti… De pronto me imaginé en mi casa en Guadalajara con toda mi familia presente para el reencuentro con mi abuela. ¿
Acaso su frágil cuerpo soportaría el impacto de tremenda sorpresa?
¿Qué harían al verse? ¿Qué dirían? ¿
Habría amor todavía entre ellos después de todo el
dolor?
Todo eso en cinco segundos.
Y al final