El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 31 – Entre Hermanos
"¡Vamos, no pretendan ser inocentes conmigo! Ustedes no son los primeros en venir a preguntarme sobre ese mapa," insistió el viejo, quien se levantó y empezó a alejarse de nosotros.
En su rostro noté algo que no había visto antes: una ardiente desconfianza. La transformación nos tomó por sorpresa. De pronto, el dulce viejito parecía molesto y a la defensiva. Fue como si la palabra mapa hubiese alcanzado algún rincón intacto de su mente que había estado guardado bajo llave. "Pero señor Ríos, ¡yo no sé nada sobre un mapa!
“¡Es mentira! ¡Te lo quieres llevar!” contestó Gustavo, agitándose aún más.
“Le prometo que no venimos a quitarle nada. Sólo para conversar… Y para preguntarle sobre esto," y al mismo tiempo saqué y le mostré el pequeño diario de mi abuelo. "Tranquilo, señor Gustavo, por favor…”
Al ver el objeto, su actitud cambió nuevamente. Confundido e indefenso, sus ojos parecían buscar entre la niebla una cara conocida. De pronto dijo: "Ese libro… Ese es el diario que me diste… Perdón, no. Tú no. Fue tu abuelo quien me lo encargó el día que nos separamos."
"¿Mi abuelo le dio este diario? Entonces, ¿usted lo trajo aquí a México?