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¡Ponerse rojo/a como un tomate!

Marta: Con los años, uno pierde la vergüenza… yo antes, me ponía roja como un tomate por cualquier cosa. Ahora, casi nunca.
Alberto: Yo aún me pongo rojo como un tomate cuando me enfado.
Marta: Hay gente que se ruboriza más fácilmente que otra. Esto se debe a la sensibilidad de nuestro sistema nervioso autónomo. Cuando alguna emoción nos altera, los vasos sanguíneos capilares que están en la cara y el cuello se contraen… y ¡pum! Nos sofocamos.
Alberto: Hay gente que también se pone roja como un tomate cuando come algo picante, otras cuando hay un cambio de temperatura, cuando corren mucho… o estrés.
Marta: Y tú, ¿cuándo fue la última vez que te pusiste rojo como un tomate?
Alberto: La semana pasada… Estábamos tomando unas bebidas y alguien derramó mi tónica… en mis pantalones. Ni se disculpó. Me quedé sin tónica y con los pantalones mojados. Me puse como un tomate.

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